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La Opinión del Experto por Mario Rodríguez Blanco: «La innovación más rentable que probablemente no estás aprovechando: La experiencia de usuario»

martes, 26 mayo 2026

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Cuando hablo de innovación en mi entorno más cercano (marketing digital, ecommerce, retail tecnológico) me doy cuenta de que hay un tipo de innovación que casi nunca aparece en los informes, en las convocatorias de ayudas o en los artículos académicos. No genera patentes. No ocupa titulares en la prensa especializada. Sin embargo, en mi experiencia, su impacto en los resultados de negocio puede ser mayor que el de muchos proyectos que sí reciben ese nombre.

Me refiero a la mejora continua de la experiencia de usuario (entendida como la percepción global que tiene una persona al interactuar con un producto o servicio digital): ese trabajo silencioso, iterativo y permanente de hacer que comprar sea más fácil, más claro y más humano. La UX (user experience) tiene fama de limitarse al diseño visual (colores, fuentes, botones), pero abarca también la arquitectura de la información, los flujos de navegación y la usabilidad. Lo importante sobre ella es entender que cuando se practica en profundidad se convierte en un factor diferencial, algo mucho más cercano a la innovación estratégica que al simple embellecimiento de interfaces.

Déjame ponerte un ejemplo concreto. En ecommerce de alto tráfico, una de las decisiones con mayor impacto en la conversión es algo aparentemente menor: cómo se presenta la disponibilidad de un producto. ¿Dice “en stock”? ¿Dice “disponible para envío en 24 horas”? ¿Tal vez un simple “recíbelo mañana”? ¿Muestra cuántas unidades quedan? ¿O solo ofrece un botón de “añadir al carrito” sin más contexto? La diferencia entre estas opciones puede generar incrementos significativos en la tasa de conversión. Y en entornos de alto tráfico, donde millones de usuarios navegan cada mes, cada décima de punto porcentual de mejora puede traducirse directamente en millones de euros de facturación anual. Eso no es diseño. Es innovación de producto con impacto directo en la cuenta de resultados.

Esto no es una intuición. Un estudio de McKinsey que analizó 300 empresas durante cinco años concluyó que las compañías líderes en experiencia de usuario crecieron en ingresos un 32% más que sus competidoras. El mismo estudio reveló que más del 40% de las empresas encuestadas no habla con sus usuarios finales durante el proceso de desarrollo de sus productos, lo que ayuda a entender por qué la brecha entre líderes y rezagados en este ámbito es tan significativa. También hay ejemplos concretos documentados que no dejan lugar a dudas: Expedia (el gigante de los viajes online) incrementó su facturación en 12 millones de dólares anuales eliminando un único campo opcional de su formulario de pago. El hallazgo no fue fruto del azar. Sus equipos de UX detectaron, a través de un análisis riguroso del comportamiento de los usuarios, que ese campo generaba confusión y errores de manera recurrente en el proceso de pago. Un cambio pequeño, que parece casi irrelevante, pero con un impacto extraordinario.

Este tipo de decisiones me las encuentro frecuentemente en mi trabajo, ya que una parte de mis responsabilidades consiste precisamente en ese refinamiento continuo aplicado al espacio digital: qué productos se destacan en la página de inicio, en qué orden aparecen los artículos dentro de una categoría, qué narrativa construye el canal para el cliente que llega sin saber exactamente lo que busca. Es un trabajo que nunca termina, porque el comportamiento del cliente tampoco se detiene. Y precisamente es en esa continuidad donde reside su valor, porque sus efectos llegan de forma acumulativa, decisión tras decisión.

Esta mentalidad, cuando se instala en una organización, lo cambia todo. Los mejores ecommerce que conozco nunca dan por terminada la experiencia de compra: lanzan tests constantemente (precedidos siempre de investigación y metodologías que permiten formular hipótesis con criterio), escuchan al usuario no solo en los datos sino también de forma cualitativa (a través de encuestas o entrevistas) y tratan cada fricción como una oportunidad de mejora. Así trabajan las empresas que entienden que la UX es un producto en sí misma, y que ese producto necesita el mismo rigor innovador que cualquier otra línea de negocio. Amazon es seguramente el ejemplo más conocido: lleva más de dos décadas iterando sobre su proceso de compra con una obsesión casi científica, y, sin embargo, es uno de los pilares menos comentados de su ventaja competitiva.

Pero no hace falta ser un gran ecommerce para aplicar esta mentalidad. Incluso con recursos limitados, cualquier empresa con canal digital puede adoptar una práctica sistemática de mejora de la experiencia de compra: identificar los principales puntos de mejora del embudo, formular hipótesis, testar, medir y aprender.

Mi apuesta es que la empresa digital española, especialmente la mediana y pequeña, tiene aquí una oportunidad desaprovechada. Mientras debaten si pueden permitirse invertir en grandes proyectos tecnológicos, hay mejoras de experiencia que podrían implementar con inversión moderada y un retorno medible en semanas. Mejoras que, además, no requieren grandes reorganizaciones internas: requieren una forma diferente de mirar lo que ya existe. Porque esto no va de algoritmos, de grandes integraciones con IA o de cuantiosas inversiones en desarrollo. Esto va de personas: de cómo aplicamos criterio para hacernos dudar de lo que ya tenemos y gracias a ello poder mejorarlo, poniendo siempre al cliente en el centro de las decisiones del día a día.

La innovación no siempre llega en forma de disrupción. A veces llega en forma de pequeñas decisiones que son las que realmente conectan con el cliente.

Mario Rodríguez Blanco

Site Merchandiser Manager en PcComponentes y miembro del equipo de trabajo del EMURI

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