La innovación y el desarrollo empresarial en nuestra región tiene un aliado clave, la transferencia de conocimiento de nuestras universidades. La transferencia consiste en el proceso de transmisión del conocimiento científico y tecnológico generado en las universidades al tejido social y productivo. Este proceso es enriquecedor para las propias universidades ya que les permite dotar de aplicación práctica a sus investigaciones y también es ventajoso para las empresas porque les permite avanzar en la innovación y mejorar en su competitividad. Además, en general, es beneficioso para la sociedad dado que posibilita un desarrollo económico basado en el conocimiento y una dinámica de colaboración público-privada centrada en el bienestar de la región.

Nuestras tres universidades, Universidad de Murcia (UMU), Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) y Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM), cuentan con grupos de investigación que son grandes generadores de conocimiento y participan en áreas tecnológicas muy relevantes en la sociedad actual como son biomedicina, ciberseguridad, visión artificial, tecnología de alimentos, etc. Disponemos de investigadores que son referentes nacionales e internacionales en sus áreas y grupos de investigación que lideran proyectos de I+D conseguidos en convocatorias públicas en competencia frente a otras universidades nacionales y europeas.

Existen diferentes vías para que este conocimiento generado por nuestros grupos de investigación se transfiera de manera efectiva. Entre ellas, desde mi punto de vista y experiencia, destacan tres en particular. La primera vía es el establecimiento de convenios y contratos de colaboración entre la universidad y la empresa para aplicar los resultados de investigación de manera directa. Esta colaboración debe formalizarse adecuadamente estableciendo un plan de trabajo y las responsabilidades de cada parte. Otra vía es la incorporación de investigadores doctores a las empresas para reforzar sus departamentos de I+D y sus capacidades de innovación. Esta incorporación debe realizarse manteniendo los vínculos del investigador con el grupo de investigación para permitir que el conocimiento generado en la universidad siga fluyendo a la empresa. Y una tercera vía es el emprendimiento conjunto entre investigadores y profesionales de la empresa. Esta vía se centra en la búsqueda de sinergias para la creación de startups donde la universidad y los investigadores aportan la base tecnológica o de conocimiento, mientras profesionales de la empresa aportan su experiencia administrativa y comercial.

Estas vías de la transferencia de conocimiento requieren de proactividad, es decir, no es posible que el flujo de conocimiento entre la universidad y la empresa surja de manera espontánea. Debemos fomentar un rol activo por ambas partes y establecer puntos de encuentro que permitan generar lazos de confianza y colaboración. Precisamente, uno de los objetivos principales del Ecosistema Murcia Innova (EMURI) es crear este punto de encuentro y generar dinámicas activas y colaborativas.

Este rol activo para el fomento de la transferencia en las universidades requiere que se establezcan políticas y se pongan los medios necesarios para el fomento de la transferencia como elemento clave de su valor para la sociedad junto con la docencia y la investigación. Del mismo modo, las empresas deben cambiar a un modelo de innovación abierta donde las universidades y sus investigadores puedan participar y cooperar en la búsqueda de soluciones a sus retos internos. Y como potenciadores, los gobiernos en sus distintos ámbitos de actuación (local, regional y nacional) deben propiciar, facilitar y fomentar la transferencia en sus diferentes vías con ayudas y medios.

Si esta región consigue que la transferencia de conocimiento sea efectiva y todos los actores (universidades, empresas y gobierno) tenga un rol activo, dispondremos de un motor de desarrollo económico y social que sin duda beneficiará significativamente al bienestar social de nuestros ciudadanos.


Félix J. García Clemente
Profesor Titular de la Universidad de Murcia
Miembro equipo de trabajo EMURI
Investigador Principal “Computación Móvil y Visión Artificial”
Socio fundador de la startup Bleecker Technologies

Lo único que permanece constante es el cambio” – Heráclites de Éfeso (535 a.c.), filósofo griego

¿Os suena la frase “si va bien no lo cambies”? ó ¿”si una cosa funciona no la toques”? Se tratan de expresiones bastante usadas por empresarios, pero creo que no por mucho tiempo. No sé si es por mi vocación por la creatividad o por mi inconformismo sobre lo establecido, esto de no cambiar cuando nos va bien es una de las frases que más me inquieta. Y es que esto de cambiar siempre nos supone incertidumbre y riesgo, por mucho que seamos capaces de medir su impacto y resultados de antemano.

En el día a día empresarial vemos que es preciso aprovechar las mejores ideas cuando llegan y, a menudo, esto es lo más difícil: descartar viejas ideas, esas que pertenecen al legado y que permitieron desarrollar la empresa, crecer y llegar al estado actual, pero que ante los nuevos retos muestran cierta resistencia. Retos de cambios en el mercado, retos de nuevas preferencias del cliente por productos de la competencia o retos para la incorporación de nuevas tecnologías al modelo de negocio. Es esta una de las barreras para el desarrollo de la innovación en la empresa, que necesita la transformación del legado cultural y cambiar el statu-quo del personal, para adquirir nuevas ventajas competitivas. Hablamos de ese cambio necesario para incorporar elementos orientados a la flexibilidad, agilidad y adaptabilidad, claves para una exitosa gestión del cambio.

Vivimos momentos de gran incertidumbre donde la palabra cambio empieza a reconocerse como algo que gestionar más que como algo que evitar. Aparecen perfiles profesionales con la denominación de gestores del cambio, pero echemos un vistazo al concepto ‘cambio’. Si repasamos la diferencia entre cambio (change) y oportunidad (chance), una sola letra, podemos intuir el por qué de la actitud frente al cambio de las distintas culturas empresariales:

  • Italiano, español y francés usan dos palabras diferentes, en italiano crisi y cambiamento; en español crisis y cambio; en francés crise y chance. 
  • En la cultura anglosajona como hemos visto, son dos concepto muy unidos separados por una sola letra.
  • En árabe la palabra فرص significa “azar” y proviene de una raíz que significa “abrir”. 
  • En chino, no existe la diferencia entre cambio y azar, se usa una sola palabra, weiji, significa “crisis” y “oportunidad”, dos caras en un mismo concepto. 

Vemos que la palabra cambio y crisis están muy unidas en unas culturas mientras que en otras, cambio y oportunidad están unidas en una misma palabra. Curiosamente son esas culturas las que ahora son los ejes de la economía mundial. Uno de los biógrafos de Elon Musk, Adrian Daub, profesor de Standford, cree que Musk vende una ilusión: “la de que nunca tendremos que cambiar”. ¿Será porque él mismo es quien marcará esos cambios para que no tengamos que adaptarnos o ser parte de los mismos?, ¿se reserva todo el protagonismo y nos deja solo el papel de espectadores y fieles consumidores de sus innovaciones?.

Pablo Isla, exCEO de Inditex, señaló en el último South Summit que innovar no es cambiar por cambiar, “ innovación somos todos”. Según Isla: ”la innovación es un estado mental”, esto es, no tener miedo a los cambios “y nunca estar satisfecho. Y en esto de no tener miedo a los cambios, pues nos ponemos un montón de excusas que argumenten nuestro comportamiento porque como bien apunta el proverbio árabe, el que quiere cambiar siempre tiene una razón y el que no, siempre tiene una excusa:

  • La tecnología no va conmigo: Por sí sola no hace innovación, pero impacta poderosamente en su desarrollo y escalabilidad.
  • A mi eso no me afecta: Nos afecta todo. En un mundo globalizado las conexiones son mucho más de lo que imaginamos, recordemos el efecto mariposa.
  • Ya está todo inventado: Nada más lejos de la realidad. Los consumidores cambiamos constantemente y, por ende, los productos y las empresas que los ofrecen.
  • No tengo medios suficientes: Innovar arranca con grandes dotes de creatividad, de conectar e imaginar que no consumen grandes recursos, así como de aprovechar oportunidades.
  • Ya vendrán tiempos mejores: ¿Y si no vienen?.
  • Soy demasiado pequeño: No vivimos tiempos en los que el pez grande se come al chico, sino en tiempos en los que el rápido se come al lento, y del que posee más conocimiento frente al más complaciente.
  • No te puedes imaginar aquí lo difícil que es innovar… : Se trata de pasar a la acción.

¡Atrévete a cambiar!, conecta tus inquietudes y fortalezas, tu experiencia y conocimiento, tu compromiso y energía con https://emuri.es, tu sitio en la comunidad innovadora regional.

Juan Francisco Abad,

Director de Proyectos EMURI.

La transferencia del conocimiento científico desde la Universidad a la empresa puede constituir un factor clave que implique una ventaja competitiva. Potenciar la relación entre la Universidad y la Empresa contribuye activamente al desarrollo económico regional, apoyando e impulsando los procesos de innovación y desarrollo tecnológico como estrategias de competitividad del entorno empresarial. El papel de la Universidad empieza a ser visto como un importante conductor del crecimiento económico y la colaboración entre la Universidad y la empresa se incrementa de forma constante. Aunque, la transferencia de conocimiento científico de las universidades a la industria se ha visto como un factor condicionante en el desarrollo económico de un país, también es visto como un problema complejo con muchas implicaciones difíciles de abordar.

Por este motivo se ha ido generando un ecosistema de innovación donde los actores públicos y privados tratan de propiciar y fortalecer estas relaciones bajo la economía del conocimiento. Las economías basadas en el uso eficiente del conocimiento tienen mayores oportunidades de crecimiento. El proceso de innovación de la triple hélice se caracteriza por que la academia, el gobierno y la industria actúan conjuntamente para crear o descubrir nuevo conocimiento, tecnología o productos y servicios que se pueden transmitir a los usuarios. Y el modelo de innovación se centra en explicar el desarrollo de las economías basadas en el conocimiento, donde la estructura de la sociedad se ve continuamente alterada por las transformaciones que se originan en las tecnociencias. El proceso de innovación de la triple hélice pretende actuar conjuntamente para crear o descubrir nuevo conocimiento, tecnología o productos y servicios que se pueden transmitir a los consumidores.

En este contexto los investigadores juegan un papel fundamental como generadores de conocimiento. Cómo trasladar este conocimiento a la sociedad y las empresas es una cuestión importante de debate. Desde la Cátedra Interuniversitaria Ecosistema Murcia Innova (EMURI), tratamos de analizar todas las interrelaciones que se producen entre los diferentes actores del ecosistema de innovación con el objetivo de impulsar una mayor participación entre sus actores. En este sentido es necesario conocer la opinión de todas las partes involucradas. En este documento expondremos, de forma resumida, lo que opinan los investigadores con relación a las ventajas y problemas que se derivan de las relaciones universidad y empresa.

Las principales ventajas, en opinión de los investigadores, claramente tienen que ver con un aspecto de contribución social más que el beneficio económico propio. En concreto, la principal ventaja para el investigador es la creación de puestos de trabajo estables para becarios investigadores del grupo. De la misma forma, consideran muy ventajoso trasladar los resultados de la investigación a la sociedad y aprovechar el conocimiento para la creación de productos innovadores para incorporar al tejido empresarial. Por el contrario, los investigadores consideran menos ventajoso que la actividad con empresas le mejore el currículum investigador, no consideran que la actividad con empresas sea muy ventajosa para el acceso a ayudas para la transferencia del conocimiento al sector productivo y que les vaya a ayudar en gran medida trabajar en temas prácticos para trasladar experiencias a los estudiantes.

Por otra parte, los investigadores se enfrentan a una serie de barreras o dificultades en sus relaciones con las empresas. En general, hacen referencia a la falta de recursos tanto en capital financiero, capital humano y tiempo. Así, las principales barreras son la falta de incentivos en la carrera investigadora, problemas de financiación, carencia de habilidades comerciales y emprendedoras, falta de apoyo desde la administración, falta de tiempo, aspectos burocráticos y falta de formación empresarial.

Una vez expuestos cuáles son los principales problemas, barreras y ventajas, pasamos a analizar cuáles son las principales acciones que llevarían a cabo los investigadores para reforzar las relaciones de las empresas con los grupos de investigación. Consideran prioritario posibilitar la incorporación de los investigadores en la plantilla de la empresa, durante las fases iniciales, y compatibilizándolo con su actividad universitaria; invertir en ayudas para la creación de empresas de base tecnológica; primar la innovación y la creación de empresas en la carrera docente; y facilitar ayudas económicas para la contratación de personal dedicado a la transferencia.

El interés de todas las partes involucradas por estimular las relaciones entre la empresa y la universidad es evidente. Un mayor conocimiento de los problemas y sobre que soluciones adoptar enriquecerá sin duda nuestro eco-sistema de innovación regional.

Domingo García Pérez de Lema,

Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la UPCT y Secretario de EMURI.

La innovación es un concepto ligado al mundo empresarial acuñado, desde hace unas décadas, como propiedad de una sociedad moderna. Sin embargo, si somos capaces de mirarlo con los ojos de la biología, en realidad, la innovación es un término inherente a la propia vida y, sobre todo, a la supervivencia, equivalente, por qué no, al término “evolución”. La expresión “innovar o morir” podría ser el lema principal de las empresas que quieren sobrevivir en el circuito, y se ven obligadas a innovar para buscar nuevos productos o servicios demandados por una sociedad cambiante y cada vez más exigente.

Al igual que en la naturaleza compiten diferentes especies e individuos por colonizar un espacio o por sobrevivir ante situaciones adversas, la competencia en el mundo empresarial por colonizar un mercado o por adaptarse ante situaciones de crisis, es feroz a la vez que necesaria.

Se atribuye a Darwin, creador de la teoría de la Evolución la cita: “No es la especie más fuerte la que sobreviveni la más inteligente, sino la que más responde a los cambios”. Haciendo una similitud con el mundo empresarial podríamos decir que, ante una sociedad en cambio constante, no son las empresas más grandes las que sobreviven, ni las más fuertes económicamente hablando, sino las que responden a los cambios demandados por los consumidores con más agilidad y se adaptan a los avances de la tecnología.

Esta similitud la seguimos encontrando en la terminología utilizada en la naturaleza y en el mundo empresarial. El término ecosistema también ha sido acuñado por los expertos en innovación. En la naturaleza, llamamos ecosistema a una comunidad de seres vivos que habitan en un medio físico delimitado. Se trata de un conjunto de factores físicos y biológicos particulares de un medio ambiente concreto, que se interrelacionan entre sí y un cambio en uno de los eslabones puede tener consecuencias en otro eslabón diferente y, aparentemente lejano.

Al acuñar el término ecosistema para hablar de innovación, se adoptan las ventajas de los ecosistemas naturales de conexión, autorregulación, evolución y capacidad de adaptación al cambio. Se puede definir un ecosistema de innovación como un entorno físico o digital en el que se ubican diferentes organismos y funciones interrelacionados entre sí, y cuya finalidad es promover la innovación y el desarrollo económico de un territorio.

El Ecosistema de innovación de la Región de Murcia (EMURI) está formado por la sociedad, las empresas, los centros de I+D+i (universidades, centros tecnológicos y centros de investigación), los gestores y administradores públicos y los agentes financiadores privados. Al igual que en la naturaleza, para que este ecosistema funcione correctamente es imprescindible conseguir una adecuada interacción entre todos los agentes que lo componen. Si alguno de ellos no está suficientemente bien representado o no se relaciona correctamente y de forma complementaria con el resto de las agentes, tendrá consecuencias graves en otro eslabón, aparentemente lejano, y hacer que la inversión de fondos en innovación por parte de los gestores y agentes financiadores no tenga el efecto deseado como es el crecimiento empresarial, la creación de empleo y, en definitiva, el beneficio de la sociedad.

En este sentido me gustaría resaltar el importante papel que juegan las universidades regionales en nuestro ecosistema de innovación, siempre que seamos capaces de integrarlas correctamente con el resto de los agentes y hacer que el conocimiento creado fluya a la sociedad y al tejido productivo de forma eficaz y eficiente. Y en ello estamos, desde la Cátedra Interuniversitaria Ecosistema Murcia Innova (EMURI), trabajamos para identificar y mejorar esas interacciones que no fluyen de forma correcta entre los agentes del sistema, y hacen que las universidades no tengan acceso a las necesidades del tejido productivo y las empresas no vean en las universidades a su principal socio estratégico para innovar.

En la naturaleza el cortoplacismo y la resistencia al cambio nunca son buenos compañeros de viaje. Y es seguro que la Región de Murcia evolucionará, al igual que lo hace la naturaleza, haciendo autocrítica, creando estrategias a largo plazo, e innovando en gestión, procesos y productos para responder eficazmente a los cambios demandados. Entre todos podemos hacerlo, creceremos más y mejor y podremos adaptarnos a los nuevos tiempos de forma continua, con lo que el nivel de vida de los murcianos se verá recompensado.

Estrella Núñez Delicado

Catedrática de Bioquímica UCAM

Subdirectora de EMURI

Entre los muchos recuerdos de mi niñez tengo algunos muy intensos relacionados con el hecho de ir a regar con mi abuelo Pepe. Agua que provenía de la acequia de Churra la Vieja, que nace del cruce de la rueda de la Ñora y de la acequia mayor Ajufia, acequia (“acieca” en murciano) que a su vez se origina en el azud de la Contraparada.

Abrir el portillo y ver entrar el agua por la reguera hasta el bancal, y observar al mismo tiempo saltar a grillos, saltamontes, arañas y otros insectos que placían gustosamente antes de sentir la inundación…  era, y sigue siendo, un espectáculo primitivo y entrañable. Y percibir como salían las burbujas de aire de la tierra, e incluso sentir como las plantas y árboles nutrían sus raíces con la ansiada agua, y admirar como esas sensaciones se trasladaban rápidamente hacia las hojas, las flores y los propios arboles era fascinante. Aún hoy me emociono al recordarlo.

Más tarde, en mi época de estudiante de economía y empresa,  comprendí que las tierras de regadío eran mucho más productivas que las de secano por su mayor capacidad de asegurar la estabilidad de los ingresos a los agricultores. Estas tierras eran mas rentables porque se había invertido en pantanos, norias y azuds, también en acequias, brazales, y en meranchos y en ventanas de riego. Estas actuaciones supusieron una enorme inversión de tiempo, dinero y conocimiento. Eran personas sabias, arriesgadas y generosas.

Sorprende ver que lo que pretendían nuestros antepasados era lo mismo que buscamos hoy en día: “mejorar la vida de los murcianos”. De hecho, los que no hicieron esas inversiones, hoy siguen dependiendo de la incertidumbre del agua de lluvia para cultivar. Toda la energía y el conocimiento que desplegaron entonces aquellos ciudadanos para hacer estas enormes construcciones, trataba de responder a preguntas sencillas: ¿Cómo trabajamos juntos para el progreso?, ¿Qué queremos hacer para mejorar la vida de la gente? ¿Qué podemos hacer relevante para el futuro de nuestros hijos?

Entre la implantación de aquellas tecnologías y nuestros días han pasado más de 2000 años. Hoy ya no hablamos de tablachos o azarbes, sino de digitalización, economía colaborativa, innovación, open innovation, economía circular, sostenibilidad,  metaverso, robótica,   sostenibilidad, ehealth, blockchain, 5G, IoT o cloudcomputing. Pero, lo cierto es que, la esencia sigue siendo la misma.

Los conceptos y las tecnologías son diferentes pero la situación es idéntica: se necesitan personas arriesgadas que implementen estos proyectos. Proyectos para los que se hacen indispensables dos requisitos: un alto contenido de conocimiento y un elevado grado de colaboración entre todos los actores (la sociedad no está tan jerarquizada como en la época de los cartagineses y romanos), para  que al ejecutarse se logre, realmente, mejorar  la vida de nuestros descendientes.

Desde un punto de vista científico hay teorías académicas que pretenden aumentar la calidad de vida de las sociedades a partir de la colaboración con los tres principales agentes de desarrollo, a saber: las EMPRESAS (elementos básicos de transformación económica  que permiten mejorar la calidad de vida de los usuarios, consumidores, inversores y empleados a través de los productos y servicios que elaboran), las UNIVERSIDADES (organizaciones y centros de investigación capaces de generar nuevo conocimiento científico y tecnológico y con el que la sociedad se nutre para resolver sus problemas), y el GOBIERNO (entendido como la forma en que las AAPP gestionan sus ámbitos de actuación pública a nivel local, autonómico, nacional e internacional para mejorar la vida de los ciudadanos).

Para la implementación de estas teorías en la Región de Murcia, hace ya más de tres años que un grupo de empresarios, profesores, científicos, inversores y servidores públicos decidimos unirnos y dedicar parte de nuestro tiempo libre a conformar un proyecto que llamamos ECOSISTEMA DE INNOVACION DE LA REGION DE MURCIA (EMURI).

Desde entonces, hemos realizado un conjunto de actuaciones de muy diverso tipo con el propósito de hacer ver a todos los actores que debemos invertir mucho más en las acequias y regueras del siglo XXI. Concretamente, queremos que en 2030 Murcia invierta el 2,1% de su PIB en I+D.

El equipo detrás del EMURI está formado por profesionales de los tres ámbitos mencionados, el académico, el empresarial y el político. Son: Antonio Sanz de la Morena, Antonio F. Skarmeta Gómez, Domingo García Pérez de Lema, Estrella Núñez Delicado, Francisco Martínez Asensio, Félix J. García Clemente, Pedro Núñez del Castillo, Juan F. Abad Navarro, Miguel Hernández Espallardo, José A. López Yepes, Francisco José Molina Castillo, Miguel A. García López, Alfonso Corbalán García, Juan S. Castejón Garrido, Antonio Duréndez Gómez-Guillamón, Luis Tejada Portero, Miguel A. Garaulet Rodríguez, Daniel Espinosa Sáez, Antonio J. Briones Peñalver y Pedro Antonio Martínez Valiente. Asimismo está, en representación de la CARM, María Isabel Fortea Gorbe. Y aunque ya no están, también contribuyeron en su momento Miguel Martín Fernández y Antonio Bernárdez.


Además, EMURI cuenta con 16 EMPRESAS PATRONAS que participan en el proyecto, contribuyendo no solo económicamente sino con un apoyo profesional de un indudable valor. Estas empresas son: AMC Natural Drinks, Andamur, Cajamar, El Dulze, FECOAM, Grupo Fuertes, Hidroconta, Makito, Marnys, Murtrafic, Orenes Grupo, Portavoz, Primafrio, Postres Reina, Symborg y Vocali.

Sin duda, hoy somos muchos más de los que comenzamos esta andadura en 2018, pero aún no estamos todos. Necesitamos que más agentes sociales se impliquen con este gran proyecto que es colocar a la Región de Murcia en la parrilla de salida de una carrera que cada día resulta más compleja y competitiva. Como ya hicieran nuestros antepasados, estamos dispuestos a arriesgar para dejar un mejor legado a los que vienen detrás. En cierta manera, nos gusta pensar que también nosotros estamos contribuyendo en que la Región Murcia pueda ofrecer futuro a muchas generaciones más y que lo que hoy parece una locura, mañana será recordado como un acto visionario. Pero es un acto que necesitamos hacer juntos.

Por eso, si  apuestas por el cambio y la innovación, te invitamos a que te sumes a este proyecto integrador, a que vivas la historia de forma activa en primera persona,  siendo protagonista y decidiendo cómo se escribe.

Tu aportación también hace futuro y el momento es ahora.

José Luis Munuera Alemán

Director EMURI

El periódico La Verdad también ha publicado el artículo. Puedes leerlo aquí: