El escenario regional del Gasto español en I+D interna se muestra en el Cuadro 1 que, en orden decreciente, clasifica alas CCAA en función del montante de la inversión realizada en 2024. La Comunidad de Madrid registró un gasto de 6.903 millones de €, seguida a sensible distancia por Cataluña. Entre ambas regiones absorben algo más de la mitad de la inversión nacional en I+D, cuando su aportación al PIB español se emplaza por debajo del 40%. Por tanto, la concentración territorial de la I+D en España supera notablemente a la que se registra a nivel productivo. La Región de Murcia ocupa el 10º lugar, con 468 millones de € destinados a actividades de I+D. Es un resultado relativamente digno si se tiene en cuenta que nuestra contribución al PIB español nos sitúa en la plaza 12ª. Nótese que el peso de la Región de Murcia en el gasto nacional en I+D interna se cifra en un 1,96%, nivel claramente superior al de tres comunidades con mayor peso en el PIB nacional: Castilla-La Mancha, Canarias y Baleares.

La última columna del Cuadro 1 expone la comparación entre las ordenaciones del Gasto en I+D interna y la del PIB. Solo tres regiones presentan un esfuerzo inversor superior a la media de UE-27 en ese mismo año (2,14%): Navarra, País Vasco y, por muy poco, la Comunidad de Madrid. El nivel de la Región de Murcia (1,10%) es bajo y, en consecuencia, insatisfactorio, pero aun así volvemos a emplazarnos en la 10ª posición –ubicados entre Aragón y Andalucía– y, por tanto, bastante alejados de las posiciones de cola, en la que despuntan los bajos registros de Canarias y Baleares.

En el Gráfico 1 se muestra la evolución de la ratio Gasto en I+D interna/PIB de la Región de Murcia y España entre 2015 y 2024. Hay dos fases diferenciadas. De 2015 a 2020 –año en el que la notable subida de los dos niveles del indicador obedecen básicamente a la caída del PIB a causa de la pandemia– se produce un significativo avance en ambas economías, aunque no haya convergencia de los niveles regionales con los nacionales. Entre 2020 y 2024, asistimos a una clara divergencia, ya que el gradual crecimiento de la ratio española contrasta fuertemente con la paralización del esfuerzo inversor regional, que ni tan siquiera es capaz de sobrepasar el resultado de 2020 en ninguno de los cuatro años posteriores. Así pues, hemos perdido terreno frente al conjunto de España al ampliarse el diferencial desfavorable a partir de 2020, lo que solo se puede calificar como negativo.

Por último, el Gráfico 2 da cuenta de la distribución del Gasto en I+D interna por sectores institucionales en la Región de Murcia y España en 2015 y 2024. Los cambios han sido relevantes:

  • Las Empresas que, en 2015, tenían un peso similar a la Enseñanza superior –básicamente las tres universidades regionales, han incrementado su participación en 9,5 puntos porcentuales, con el resultado de aproximarse sustancialmente a la nacional en 2024. Desde un punto de vista productivo, no cabe albergar dudas sobre el papel clave de la I+D empresarial y, por consiguiente, se trata de una provechosa ganancia.
  • Los Organismos investigadores de las AAPP, sean regionales (como el IMIDA) o nacionales (como el CEBAS-CSIC) han conservado su cuota, lo mismo que en España, si bien es el sector con menor nivel de gasto, particularmente en la Región de Murcia.
  • Por tanto, la senda seguida por Enseñanza superior es justamente la inversa del sector empresarial. No obstante, en la Región de Murcia su peso es sensiblemente superior al correspondiente al conjunto nacional.

Recordemos que la I+D interna se refiere a la inversión realizada por las empresas y diversos organismos públicos con sus propios recursos materiales y humanos (Intramuros). La I+D externa concierne a la empresa que, por ejemplo, contrata a un grupo universitario de investigación para que aborde un proyecto de I+D que juzga provechoso para su estrategia de crecimiento (Extramuros). En este segundo caso, la empresa realiza I+D externa mientras que el grupo investigador ejecuta la I+D interna. Dependiendo de múltiples factores, para una empresa dada la eficiencia puede ser alcanzada por cualquiera de las dos vías –o por una combinación de ambas–, pero es necesario distinguir entre esos dos tipos de gasto ya que las estadísticas se centran en la I+D interna.

Recurriendo al indicador más habitual, el Gráfico 1 refleja la relación porcentual Gasto en I+D interna/PIB en diez destacados países, así como en los conjuntos formados por la OCDE y UE-27. En 2023, el amplio rango existente en este colectivo se extendía desde el sobresaliente máximo de Israel (6,35%) hasta el mínimo de Italia (1,37%). Como es sabido, en el contexto de los países avanzado el esfuerzo inversor español es bajo (1,49%), si bien el notable aumento de la ratio entre 2018 y 2023 ha permitido sobrepasar a Italia y recortar distancias respecto a la media de las dos organizaciones supranacionales citadas. Por último, constatemos el fuerte contraste entre la pujanza china y el débil avance de UE-27, en cuyo seno sobresale el retroceso francés y el práctico estancamiento italiano.

El anterior indicador es funcional, lo que no impide que también interese conocer el volumen de recursos financieros movilizados por cada país hacia la I+D interna. El Gráfico 2 recoge esa información para los diez países con mayor peso en UE-27 en 2021 y en 2024. Alemania como, principal potencia europea invierte en torno a la tercera parte del gasto en I+D interna de UE-27. Conviene añadir que el montante total de los recursos destinados por Alemania se elevó a 135.570 millones de € en 2024, que no está lejos de igualar a los invertidos por el cuarteto formado por los estados que figuran a continuación: Francia, Italia, Países Bajos y España. Con respecto a nuestro país, señalemos que invertimos 23.946 millones de € en 2024, lo que equivale a la sexta parte de la cuantía alemana, aunque de nuevo registre un notable aumento inversor en el trienio considerado, propiciando que su contribución crezca 0,7 puntos, lo que no deja de ser un fructífero resultado.

Otro indicador disponible es el Gasto en I+D interna per cápita (A), que equivale al producto de dos conocidas ratios: Gasto en I+D/PIB (B) y PIB/Población (C). A mayor esfuerzo inversor (B) y superior PIB per cápita (C), más elevado será el Gasto en I+D por habitante (A). En 2024, por ejemplo, el esfuerzo de España es superior al de Italia, pero dado que nuestra renta per cápita es inferior a la italiana, en el gasto por habitante el país trasalpino cobra una pequeña ventaja: 516 € frente a un registro español de 490 €, tal como se deriva del Gráfico 3, que además muestra las acusadas disparidades internacionales en el seno de UE-27.

En efecto, las diferencias intra-UE se agrandan cuando pasamos del Gasto I+D/PIB (B) al Gasto I+D per cápita (A) dado que, en general, hay una estrecha correspondencia entre los dos factores determinantes del indicador recogido en el Gráfico 3: un mayor grado de desarrollo reflejado por la renta por habitante (C), suele ir acompañado por un esfuerzo inversor más elevado en I+D (B). El rango adquiere una dimensión expresiva de las profundas divergencias existentes en UE-27. En función de la ratio habitual (B), el nivel de Dinamarca (3,01% del PIB) sextuplica en números redondos al de Rumanía (0,47%), pero el Gasto interno en I+D per cápita (C) del primer estado (1.983 €) –máximo en UE-27– multiplica por 23 al del segundo (85 €), que aporta el límite inferior del rango.

Por último, el Gráfico 3 da cuenta de la evolución de este indicador a lo largo del periodo comprendido entre 2016 y 2024. Alemania ha ido ampliando la brecha respecto a Francia, pero no ha recortado distancias con Dinamarca. España ha limado gradualmente el diferencial desfavorable con Italia, lo que no deja de ser un magro consuelo si se tiene en cuenta que la convergencia con UE-27 ha sido muy leve, al situarse el registro en torno a la mitad de la media europea entre 2016 y 2022, aunque llegue a rebasar ese nivel relativo de forma comedida en 2023 (53,6%) y en 2024 (54,6%). Se trata, por tanto, de una evolución positiva pero modesta, lo que es fiel reflejo del largo y espinoso camino que es necesario recorrer para ir aproximándonos gradualmente a las pautas de los sistemas de innovación de los países más avanzados de la Unión. En las próximas entregas abordaremos la posición de la Región de Murcia en el escenario nacional.

El proceso de innovación en el sector agrario está cada vez más vinculado a la digitalización de sus procesos de producción y distribución.  El Cuadro 1 proporciona el peso de las CCAA en el valor total de los inputs digitales empleados por el sector agrario español en 2023. Aclarados el contenido de tales inputs en (https://emuri.es/espana-en-el-contexto-europeo-de-la-digitalizacion-agraria/) hay que enfatizar la relevancia de la cuota de nuestra comunidad, que se eleva al 5,1% del gasto nacional, ligeramente por encima de la contribución (4,5%) de la Región de Murcia al VAB agrario español en ese mismo año. Ese peso conlleva que seamos la séptima comunidad con mayor aportación, sobrepasando incluso a la Comunidad Valenciana, lo que es inusual. Tres comunidades lideran claramente la ordenación –Castilla y León, Cataluña y Andalucía–, con una participación conjunta muy cercana a la mitad del registro español.

Por capítulos, sobresale el peso de Agricultura de precisión (7,7%) y, en menor medida, Sistemas Informativos de gestión (5,7%). Los tres restantes se sitúan por debajo de la cuota agregada, especialmente Maquinaria de gestión ganadera (3,3%). La contribución murciana en el gasto nacional de los cinco inputs digitales es muy desigual en las orientaciones básicas recogidas en el Gráfico 1, lo que en buena medida está asociado al peso productivo de las mismas. Así, nuestra cuota alcanza un máximo en Horticultura (8,8%), seguida de cerca por los Cultivos permanentes (8,3%), donde la presencia de los frutales y cítricos es determinante. Granívoros (5,0%) converge con la cuota agregada, como consecuencia de la relevancia del sector porcino. Y tanto Cultivos extensivos (1,9%) como Ganadería extensiva (1,5%) tienen pesos mucho más reducidos a escala española.

Centrándonos en las tres orientaciones más sobresalientes en cuanto al empleo de inputs digitales, hemos elaborado el Cuadro 2 para dar cuenta de su composición en cada una de ellas. Téngase en cuenta que esas tres ramas absorbieron prácticamente el 90% del gasto agrario regional en ese tipo de insumos, frente a una fracción que ronda los dos tercios a nivel nacional. En síntesis:

  • En Horticultura, los inputs digitales más relevantes son los que se integran en Agricultura de precisión, que suponen algo más de la tercera parte del gasto total (35,4). Están orientados a optimizar el uso del agua, fertilizantes, tratamientos sanitarios… Sistemas normativos de gestión (24,9) y Acceso a internet (23,4) absorben en torno a un cuarto del valor de los insumos digitales de la orientación.
  • Cultivos permanentes posee una composición similar, aunque cabe destacar que la aportación de Robótica cae de forma perceptible (10,2).
  • Granívoros presenta una composición diferenciada de las dos actividades anteriores, destacando el gasto realizado en Maquinaria de gestión ganadera (29) y Robótica (28,4).

Para la suma de las tres orientaciones y, por tanto, de una fracción ampliamente mayoritaria, la distribución se hace menos desigual, pero la relevancia de las producciones hortofrutícolas provoca que se aproxime más a la estructura de las dos orientaciones vegetales reflejadas en el Cuadro 2.

Uno de los mayores retos para el avance hacia una sociedad digital consiste en la digitalización de todo tipo de procesos productivos. El Observatorio de la digitalización del sector agroalimentario español plantea cuatro grandes ventajas en este terreno: a) Optimización del uso de los recursos; b) Reducción de un amplio abanico de costes; c) Fortalecimiento de la trazabilidad y de la seguridad alimentarias; y d) Mejora de las condiciones laborales por efecto de la automatización y, por tanto, de una mayor cualificación de la fuerza de trabajo.

Los institutos de estadística están empezando a suministrar información sobre la digitalización agraria y, en esta ocasión, vamos a describir sintéticamente el estado de la cuestión en España y en la UE. En el Cuadro 1 se ofrecen las once mayores participaciones nacionales de UE-20 en los cinco capítulos de la digitalización agraria propuestos por Eurostat. Según el valor total de los inputs digitales agrarios utilizados, Francia (30,2%) se ubica en una plaza aventajada, seguida a considerable distancia por Alemania (21,5%), mientras que España (13,0%) ocupa el tercer lugar por delante de Países Bajos (10,7%) y Polonia (8,3%). Dado que los restantes estados de UE-20 tienen cuotas muy bajas, la contribución conjunta de los cinco estados citados ronda el 85% del grupo. Por capítulos:

  • Agricultura de precisión. Uso de sensores, drones, satélites… para obtener datos sobre superficie, clima y cultivos. La cuota de España cae al cuarto lugar (10,2%) al ser desplazada por Polonia (11,6%).
  • Robótica. Aplicación de dispositivos que realizan tareas automatizadas en riego, tratamientos sanitarios, fertilización… Es el input digital en el que la contribución española alcanza un máximo (19,7%).

  • Maquinaria de manejo del ganado. Sistemas automáticos de alimentación, collares inteligentes, cercados virtuales… Es el único capítulo en el que Alemania se sitúa por encima de Francia. España (14,3%) conserva la tercera plaza.
  • Acceso a internet. Información sobre mercados; cursos de formación y capacitación agraria; empleo del internet de las cosas (IoT) para el monitoreo de los cultivos y del ganado… El peso español (9,3%) no alcanza los dos dígitos, lo que conlleva que Polonia (13,0%) desborde nuestra aportación de forma clara.
  • Sistemas informativos de gestión. Recopilación de datos sobre el proceso de producción, cuya utilización facilita la gestión de múltiples facetas de la actividad agraria. De nuevo, con un peso del 11,2%, retrocedemos a la cuarta plaza, esta vez por el ascenso de Países Bajos.

Para finalizar con esta breve reseña, el Gráfico 1 da cuenta del peso desigual de España en los inputs digitales de cinco orientaciones básicas del sector agrario de la UE. Contribuciones que, lógicamente, guardan una estrecha relación con los rasgos distintivos de la estructura productiva del agro español frente a la de UE-20:

    • Cultivos extensivos (Cereales, plantas industriales, leguminosas…). Aporta la cuota (7,7%) más baja de las cinco orientaciones.
    • Horticultura. El nivel alcanzado (16,3%) más que dobla al anterior, lo que es consecuencia tanto de nuestra especialización hortícola como de la decidida apuesta digital de las explotaciones de mayor dimensión.
    • Cultivos permanentes (Frutales, olivar, viñedo…). Nuestra aportación asciende al 20,0%, pudiendo afirmarse lo mismo que en la orientación precedente.
    • Herbívoros (Vacuno, ovino…). Manifiestamente por debajo de la media al disminuir nuestra participación al 9,1%.
  • Granívoros (Porcino, avícola…). Con un peso máximo, cercano a la cuarta parte de UE-20, debido en gran medida a la expansión y modernización del sector porcino español en los últimos lustros.

Iniciaremos 2026 con un análisis pormenorizado de la digitalización en el sector agrario murciano.

¡Feliz e innovador año nuevo!

En otros análisis anteriores hemos analizado diferentes vertientes de la ubicación de la Región de Murcia en el panel que da cuenta del estado y evolución de la innovación en 241 regiones europeas: Regional Innovation Scoreboard (RIS). Concretamente, la Newsletter de octubre (https://emuri.es/las-regiones-espanolas-en-el-contexto-de-la-innovacion-de-ue-27/)  mostró los resultados obtenidos en las cuatro dimensiones del RIS: Condiciones marco, Inversiones, Actividades de innovación e Impactos. En las cuatro los registros murcianos son significativamente inferiores a los españoles. Baste con recordar que, según el RIS agregado (UE-27 = 100), en la edición de 2025 la posición nacional se cifra en 92,7 y la regional cae a 80,3. Este resultado implica que nuestra comunidad se ubique en la plaza 11ª entre las CCAA españolas y en la 157ª a escala europea.   

Ahora se ofrece una visión detallada de las cuatro dimensiones anteriores a través de los 12 ejes del RIS y de sus componentes más llamativos.

En el Gráfico 1 se proporcionan los datos más destacados de Condiciones marco e Inversiones. Poniendo el énfasis en nuestra comunidad:

  • Recursos humanos (105,7). El resultado se sitúa por encima de la media europea, lo que se debe a la fracción de la población entre 25 y 64 años que sigue cursos de formación continua, lo que en buena medida guarda relación con nuestra elevada tasa de paro.
  • Sistemas de investigación atractivos (81,2). Se registra un considerable descenso frente al anterior eje. Las notas de sus dos componentes –relacionados con el grado de internacionalización de las publicaciones científicas– se encuentran muy próximas a la media de este segundo vector.
  • Digitalización (126,9). Cota máxima en la docena de ejes del RIS regional por efecto de la elevada penetración de la banda ancha en todo el territorio español.
  • Financiación y apoyo (76,1). Un bajo nivel relativo de la ratio Gasto público en I+D interna en términos de PIB, ligeramente inferior al indicador nacional.
  • Inversión empresarial I+D+i (63,9). Los dos resultados –regional y español– son menores a los del eje anterior, pero en nuestra comunidad el diferencial relativo entre apoyo público e inversión empresarial se amplía considerablemente.
  • Uso empresarial de TIC (35,7). En torno a un tercio del dato de UE-27. Un registro devastador, debido a la ínfima fracción de empleo ocupado por especialistas TIC y, por ende, a la escasa utilización de este tipo de tecnologías.

En el Gráfico 2 se proporcionan los niveles relativos de las otras dos dimensiones en España y en la Región de Murcia. Operando de la misma forma que anteriormente:

  • PYMES innovadoras (47,5). El segundo registro más bajo de los doce ejes. Contempla el peso de las PYMES con innovaciones de producto y/o procesos de negocio. El resultado en esas dos vertientes es parejo, un poco mayor en las PYMES con innovación de producto.
  • Vínculos empresariales (76,0). Se refiere, básicamente, a la colaboración entre PYMES para abordar procesos innovadores. La nota mejora sensiblemente respecto al anterior eje, pero se sigue situando por debajo de la correspondiente al RIS agregado regional.
  • Activos de conocimiento (96,4). Es el único eje en el que nuestro resultado es superior al nacional. La nota de sus tres elementos integrantes es muy desigual. Muy baja en patentes, mejora sensiblemente en aplicaciones de diseño –pero sin alcanzar la media europea– y es sobresaliente en solicitudes de marcas al sobrepasar en un 50% al registro de UE-27.
  • Empleo y ventas (93,4). Concierne a las fracciones del empleo y de las ventas que generan las PYMES innovadoras. Curiosamente, tanto en España como en la Región de Murcia, esas proporciones son muy superiores en el empleo que en las ventas.
  • Comercio exterior (60,1). Parte de las exportaciones cubierta por productos de alto contenido tecnológico, con un bajo nivel relativo en los dos entornos considerados.
  • Sostenibilidad y productividad laboral (75,7). Eje compuesto por dos componentes muy diferenciados. El primero se refiere a la emisión de partículas contaminantes PM2.5 –procedentes de toda clase de combustiones– y el segundo a la productividad del trabajo. Ambos indicadores están sensiblemente alejados de la media europea y, por otra parte, con niveles relativos muy similares a la media de este último eje.

En suma, el RIS nos transmite una situación de la innovación caracterizada por importantes carencias en la Región de Murcia en el contexto de UE-27, entre las que cabe destacar las siguientes: a) Un sistema investigador manifiestamente mejorable; b) Niveles precarios en financiación e inversión en I+D+i, con mayor déficit en la vertiente empresarial; c) Un escaso uso empresarial de las TIC, debido en gran parte a la raquítica presencia de personal especializado; d) Precario peso de las PYMES innovadoras en el tejido productivo; e) Impacto reducido de los productos de alta tecnología en las exportaciones; y f) Escasa sostenibilidad ambiental y una baja productividad laboral.

Profundizamos en la perspectiva regional del European Innovation Scoreboard (EIS) de la Comisión Europea a través del Regional Innovation Scoreboard (RIS).

Este da cuenta en desempeño de su innovación de 241 regiones en el contexto de UE-27. Como es habitual, los resultados obtenidos se ofrecerán en términos relativos, es decir, ofreciendo los niveles regionales frente a la media europea (UE-27=100). En la extensión regional sigue vigente la clasificación establecida para los estados, que publicamos en el estudio del dato anterior.

Hay cuatro tipos de regiones:

a) Líderes: Con un EIS>125; por encima del 25% del registro de UE-27;

b) Fuertes: en la franja comprendida entre >100 y 125;

c) Moderadas: entre >70 y 100; y

d) Emergentes: igual o por debajo del 70%.

Lógicamente, hay una estrecha vinculación entre la caracterización de los estados y los resultados regionales, tal como se puede comprobar en la Tabla 1. La práctica totalidad de las regiones de Suecia, Dinamarca y Holanda constituyen territorios líderes y fuertes en innovación. En el otro extremo –Polonia, Bulgaria y Rumanía–, todas las regiones son moderadas y, sobre todo, emergentes. En lo que concierne a España, no hay ninguna comunidad que alcance la categoría de líder, aportando cinco al grupo de las fuertes y doce al de moderadas, mientras que Ceuta y Melilla se encuadran en las emergentes.

En el Gráfico 1 se muestran los resultados relativos en 2025 para nuestras 17 CCAA. En las comunidades que forman parte del grupo de las fuertes, Cataluña ocupa la primera posición, seguida de cerca por País Vasco y C. Madrid, situándose más rezagadas Navarra y C. Valenciana. Los puestos que ocupan en la ordenación europea –del 72 al 107– son más bien discretos. Téngase en cuenta que, como las regiones líderes se limitan a 38 (Tabla 1), hay 33 regiones por delante de Cataluña (72) en el grupo de las fuertes. En consonancia con la posición de España en el EIS, la mayor parte de las regiones españolas se clasifican como moderadas. El nivel relativo de la Región de Murcia (80,8) dista prácticamente un 20% de la media europea y cerca de un 15% de la española, razón por la cual se encuadra en el puesto 11 en la ordenación nacional, subiendo hasta el 157 en la europea. Posiciones mediocres que dictan una primera sentencia acerca del nivel de la innovación en nuestra comunidad.

En el Gráfico 2 se proporcionan los niveles relativos de las cuatro dimensiones en España y la Región de Murcia referentes a la edición de 2025. Brevemente:

  • En Condiciones marco, nuestra comunidad sobrepasa levemente la media de UE-27, pero dista más de diez puntos del registro español debido al efecto de niveles inferiores en los tres factores que configuran el contexto determinante de la innovación: Recursos humanos, Sistemas de investigación y Digitalización.
  • Inversiones es la dimensión con un mayor retraso a causa de un gasto público y empresarial en I+D muy alejado no sólo del registro europeo sino también del nacional. Asimismo, el uso empresarial de TIC arroja unos preocupantes resultados.
  • En Actividades de innovación la desventaja es evidente respecto a UE-27, pero el diferencial en relación con España se recorta sensiblemente. La mayor debilidad se manifiesta en el desempeño innovador de las PYMES.
  • Frente a la igualación del nivel español con el de UE-27 en impactos, el registro murciano apenas supera el 75% de la media europea. Las mayores fragilidades residen en el empleo de empresas innovadoras y en las exportaciones de alta y media tecnología.

Seguiremos profundizando más en próximas entregas, mediante el análisis de la posición relativa de la Región de Murcia en cada uno de los 12 ejes –tres por dimensión– que intervienen en el RIS.

Recientemente se ha publicado la edición de 2025 del European Innovation Scoreboard (EIS). Se trata de un panel elaborado por la Comisión Europea que tiene por objeto informar sobre la situación y la evolución de la innovación en los estados miembros y en el conjunto de la UE. El EIS es un indicador compuesto que se elabora a partir de 32 variables. Habitualmente, se suele utilizar en términos relativos, es decir, ofreciendo los niveles nacionales frente a la media europea (UE-27=100), por lo que procederemos de igual forma. Sobre esa base se establece la siguiente tipología de los estados: a) Líderes: Con un EIS > 125; por encima del 25% del registro de UE-27; b) Fuertes: en la franja comprendida entre >100 y 125; Moderados: entre >70 y 100; y Emergentes: igual o por debajo de 70. 

En el Gráfico 1 se muestran los resultados relativos para una docena de países en 2025, tres para cada uno de los cuatro grupos anteriores, acompañados del número que expresa su posición en la ordenación decreciente de los 27 estados miembros. Las diferencias son acusadas, puesto que el rango se extiende desde el máximo de Suecia (138,1) hasta el mínimo de Rumanía (37,7), lo que implica que el nivel del primer país en la distribución no está lejos de cuadriplicar al del último. España forma parte del grupo de los moderados, con un registro relativo de 92,7; no muy alejado de la media europea (100), por lo que se ubica en la plaza 15 de la distribución, adyacente a la mediana que ocupa Italia (14).


El Gráfico 2 recoge la evolución entre 2018 y 2025 del EIS en cuatro estados pertenecientes a cada uno de los grupos de la tipología utilizada por la Comisión Europea. El rasgo más sobresaliente es la estabilidad de los resultados a lo largo de los ocho años considerados, compatible con poder afirmar que en el último cuatrienio se aprecia una tímida convergencia. En efecto, tanto el país líder (Suecia), como el perteneciente al grupo de los fuertes (Alemania) registran un leve descenso de su nivel relativo; ocurriendo justo lo contrario con el moderado (España) y el emergente (Rumanía). Insuficiente en todo caso para poder hablar de una significativa corrección de las brechas existentes.

Por último, el Gráfico 3 nos informa de los resultados de España en las cuatro dimensiones del EIS en las ediciones de 2018 y 2025.  Brevemente:

  • El único ámbito en la que aventajamos al conjunto de UE-27 en los dos años es Condiciones marco. Esta dimensión pretende determinar si el contexto en el que se desenvuelve la innovación es más o menos favorable, evaluando variables relacionadas con el capital humano, los sistemas de investigación y la digitalización. Nuestra ventaja comparativa ha registrado una considerable merma entre 2018 y 2025.
  • El panorama cambia sensiblemente en Inversiones, que se refiere al esfuerzo realizado por las AAPP y el sector empresarial en una serie de campos relacionados directamente con la innovación. Se ha registrado una cierta mejora, pero es una dimensión con un preocupante déficit relativo.
  • La evolución es muy similar en Actividades de innovación, concerniente al tejido empresarial en exclusiva. Es la dimensión en la que nuestra posición es usualmente más endeble. Ese gran espacio de mejora se ha concretado en el hecho de que es el área que ha experimentado una mayor progresión. No obstante, en 2025 se sigue situando en la posición más desfavorable respecto a la media europea.
  • Impactos expresa los efectos de la innovación sobre el empleo, las ventas, la productividad y la sostenibilidad medioambiental. Los resultados indican que España se sitúa casi a la par con el conjunto de referencia en los dos años.

Por tanto, la situación que nos ofrece el panel es compleja y, a nuestro juicio, no exenta de ciertas contradicciones. En efecto, un contexto general (Condiciones marco) favorable a la innovación, pero que no es capaz de propiciar inversiones y actividades relacionadas directamente con la misma que estén a la altura de lo que sucede en UE-27, si bien conducen, sin embargo, a un impacto productivo muy parejo al que se presenta en el anterior conjunto. En cualquier caso, el panorama que traza el EIS permite de nuevo concluir que el escenario ofrecido por la innovación española es muy mejorable. Próximamente seguiremos aportando información sobre el EIS de las comunidades autónomas y, particularmente, de la Región de Murcia.

El panorama de la Biotecnología en las CCAA se refleja en el Gráfico 1, donde figura la distribución regional del Gasto interno nacional en I+D en dos años: 2015 y 2023. Las disparidades interterritoriales son notables. En primer lugar, Cataluña y la Comunidad de Madrid absorbieron el 57,7% del gasto nacional en 2023, con un aumento de su cuota conjunta de dos puntos respecto a 2015. Por tanto, la concentración del gasto en ambas autonomías es cada vez mayor. Téngase en cuenta que el peso de esas dos importantes regiones en el PIB se cifró en un 38,4% en 2023, muy inferior a su contribución al gasto interno en I+D biotecnológica, lo que es un buen reflejo de los intensos desequilibrios regionales en este ámbito. Estos datos confirmarían que la implantación territorial de las actividades con mayor potencial de crecimiento es muy desigual, por lo que se estarían sentando también las bases para que las disparidades en las rentas regionales por habitante se amplíen a medio y largo plazo.

La Región de Murcia ocupa la 8ª plaza de la ordenación, entre Castilla y León y Navarra, con una participación del 2,1% en el gasto nacional en 2023, lo que no es un mal registro teniendo en cuota la concentración territorial ya expuesta, si bien hay que mencionar el significativo descenso de su aportación entre los dos años considerados, sobre lo que nos extenderemos a continuación.

El Gráfico 2 muestra las cuotas murcianas en el gasto y en el total de investigadores de las actividades biotecnológicas españolas a lo largo de la fase temporal comprendida entre 2015 y 2023. Las dos líneas de tendencia recogidas son suficientemente expresivas. Por un lado, las variaciones interanuales no impiden que el peso en la inversión en I+D interna nacional esté estabilizada en un 2,0%; por otro, asistimos a una acentuada caída de nuestra contribución al total de investigadores. En definitiva, se ha registrado un ajuste entre las dos contribuciones, lo que parece razonable dado que la brecha existente entre ambas en los primeros años de la serie era excesiva (demasiada aportación al personal investigador español para el limitado peso regional en el gasto en I+D).

Centrándonos en el sector empresarial regional, el Gráfico 3 recoge su peso en el ecosistema de la biotecnología regional. A pesar de las oscilaciones interanuales, las dos líneas de tendencia son inequívocas, plasmando una clara senda creciente. Esa mayor importancia de las Empresas constituye un hecho positivo. No se trata de menospreciar la labor desempeñada por los otros dos grandes sectores de ejecución: Educación superior y organismos investigadores de las AAPP. Además de que su papel en la investigación teórica es fundamental, debe tenerse en cuenta que una parte de su I+D interna son contratos de transferencia de conocimientos con el tejido empresarial: cuanto mayor sea esa proporción, mejor desde una perspectiva económica. No obstante, como hemos visto, uno de los principales problemas de la I+D en España es un importante déficit de la contribución de las empresas, que se agrava en nuestra comunidad. Todo lo que vaya en la dirección de fortalecer la posición de las empresas en la I+D interna debe seguir potenciándose.

El Gráfico 3 muestra además que el peso empresarial es mucho mayor en el gasto en la I+D interna que en el total de investigadores. Lo que quiere decir que en el sector empresarial el gasto por investigador es sensiblemente superior al que rige en los otros sectores de ejecución. En 2023, se cifró en 109.226 €/investigador en el conjunto de la biotecnología regional, ascendiendo a 245.949 en las empresas. La diferencia es enorme y, aunque no sea posible determinar las causas por falta de información, es un testimonio de que la inversión en I+D interna por parte de las empresas tiene un mayor impacto en el tejido productivo, razón por la cual es necesario seguir incrementando la participación empresarial en la biotecnología regional, recomendación que sería generalizable para todo nuestro sistema de I+D.

La biotecnología consiste en el empleo productivo de la biología, es decir, la aplicación de los conocimientos sobre el funcionamiento de la vida con el fin de generar productos que cubren un amplio campo de actividades: salud humana, salud animal, acuicultura, agricultura, producción forestal, alimentación, industria, energía, medio ambiente… Actualmente nos encontramos en pleno desarrollo de la 4ª Revolución Industrial, impulsada por avances entre los que cabe destacar cuatro: la inteligencia artificial, el internet de las cosas, la robótica y la biotecnología. Según la OCDE, las aplicaciones biotecnológicas pueden llegar a aportar el 3% del PIB de los países desarrollados en 2030, lo que supondría triplicar su peso en 2020. Por su parte, la Unión Europea prepara para finales del 2025 la ley europea sobre biotecnología para configurar un marco regulatorio más favorable a la innovación, que corrija las trabas al desarrollo de los ensayos clínicos y que aumente sustancialmente la capacidad de atracción de inversores e investigadores para hacer frente a la competencia de USA y China.

Dado que Eurostat no ofrece información sobre esta materia, destinaremos esta entrega a perfilar su situación y evolución en España, sobre la que existe una información mucho más amplia que la disponible para las comunidades autónomas. Dos primeras notas con respecto a la biotecnología nacional en 2023: a) El gasto nacional en I+D interna se elevó a 2.750 millones de euros; b) El total del personal en I+D (auxiliares, técnicos e investigadores) se situó en 35.800 EJC (Suma del personal que trabaja en régimen de jornada completa y la equivalencia a dicha dedicación del que trabaja en régimen de jornada parcial). El Gráfico 1 muestra la evolución del peso de la biotecnología en el total de la I+D interna nacional entre 2015 y 2023. Para el conjunto de ese periodo de nueve años, tal cuota es muy similar en las dos variables consideradas: 12,6% en el gasto y 12,8% en los investigadores, que suponen tres de cada cinco EJC del personal de I+D. Si se tiene en cuenta el protagonismo que se ha otorgado a la biotecnología por los organismos internacionales, cabría esperar un reciente aumento claro de su contribución en España, lo que ha estado lejos de debido a la caída experimentada en el último año.

El gráfico 2 recoge la composición por sectores de ejecución. En este terreno hay un cambio importante, consistente en las sensibles ganancias de la aportación de las Empresas, próximas a 10 puntos porcentuales, en detrimento del peso de los organismos de diferentes administraciones públicas. Esto supone una permuta positiva en la medida que evidencia una mayor participación de las decisiones empresariales, que son mucho más determinantes del enriquecimiento del tejido productivo que las adoptadas por un organismo público.

Sin necesidad de apoyo gráfico, enunciaremos a continuación algunos rasgos característicos del sector empresarial de la biotecnología española en 2023:

  • La muestra del INE está compuesta por 1.376 empresas, de las que algo más de un 10% tienen ≥ 250 empleados.
  • La tecnología más implementada son los bioprocesos, es decir, procedimientos que utilizan células vivas y microorganismos para la producción de medicamentos, alimentos, derivados químicos… La mitad de las empresas encuestadas aplican ese tipo de métodos.
  • En lo que concierne al output final, los productos relacionados con la salud humana son los más relevantes, al implicar a algo más de la mitad de la muestra de empresas. La alimentación ocupa el segundo lugar con una cifra del 30%.
  •  Los obstáculos más señalados para el desarrollo de la actividad empresarial son los siguientes: a) Tiempo/coste de implantación (59,4% de las empresas); b) Requerimientos legales y reglamentarios (49,8%); y c) Acceso a fuentes de financiación (45,9%). La disponibilidad de trabajo cualificado (25,8%) y el acceso a los mercados internacionales (20,1%) tienen una entidad muy inferior.

Aunque no hay datos específicos por comunidades, los disponibles permiten hacerse una idea parcial de la situación en la Región de Murcia. En la próxima entrega abordaremos este caso con la información disponible.

La fuente recogida en la Tabla 1 proporciona por comunidades autónomas sobre ciertos aspectos de tres tipos de empresas con alto contenido tecnológico, derivada de la aplicación de los criterios siguientes:

  • Empresas emergentes, con un amplio potencial de crecimiento, alto riesgo y elevada dependencia de financiación exterior, con una facturación inferior a 1 millón de € y entre 5 y 7 años de antigüedad.
  • Scaleups. Empresas que han superado la fase inicial de las startups al haber registrado una fase de crecimiento rápido –con aumentos anuales del 20% en el empleo o la facturación durante un trienio– y, por tanto, han validado su proceso de negocio y buscan nuevos mercados o ampliar su oferta de bienes o servicios. Sus ventas aún no han sobrepasado los 9 millones de € y cuentan con una experiencia inferior a 7 años.
  • PYMES innovadoras. Empresas que, con un máximo de 250 trabajadores, tienen entre 7 y 10 años de antigüedad con una facturación por encima de los 10 millones de €.

La distribución se caracteriza por un alto grado de concentración en Cataluña y Comunidad de Madrid que, conjuntamente, absorben algo más de la mitad de las empresas (52,9%) que, por su mayor tamaño medio frente a los registros nacionales, aportan cerca del 70% del empleo y de las ventas al total español (Gráfico 1). Es igualmente relevante que la Región de Murcia se sitúe en la 7ª posición en cuanto al número de empresas, que es el criterio que determina la ordenación de la Tabla 1. Por tanto, se trata de un puesto destacado, ya que además se emplaza claramente por encima de las diez comunidades restantes, tanto en número de empresas como en lo que concierne a empleo y ventas.

Las elevadas contribuciones de Cataluña y Comunidad de Madrid –complementadas por un segundo escalón conformado por Comunidad Valenciana, País Vasco, Andalucía y Galicia–, provoca que los pesos de la Región de Murcia alcancen en las tres variables consideradas niveles inferiores a nuestra aportación (2,7%) al PIB nacional: 2,4% en el número de empresas; 2,2% en personas ocupadas; y 1,8% en ventas. La marcada asimetría entre nuestra primera aportación y las dos siguientes implica que las empresas tecnológicas murcianas tienen una dimensión inferior a la media española. En efecto, nuestros resultados medios por empresa se cifran en 11,3 trabajadores y 1,3 millones de facturación que, respectivamente, suponen registros equivalentes al 90% y al 75% del promedio nacional.

Por último, la Tabla 2 da cuenta de las 15 ciudades españolas con una mayor presencia de empresas tecnológicas, resaltando las contribuciones de Madrid y Barcelona, con la singularidad de que la primera es escoltada por tres núcleos urbanos satélites: Las Rozas, Pozuelo y Alcobendas. La ciudad de Murcia ocupa la 8ª posición, con 115 empresas tecnológicas, 883 empleos y 57,2 millones de € de ventas. De nuevo se trata de una aventajada posición, que es lo importante. Sin embargo, el lector puede apreciar directamente que la capital regional descendería unas cuantas plazas si el criterio de ordenación fuese la facturación o el empleo generado.

En definitiva, tanto la Región de Murcia como la ciudad de Murcia se emplazan en puestos muy dignos en el escenario español de las empresas tecnológicas. La afirmación anterior no debe oscurecer el hecho de que la dimensión de nuestras empresas es claramente inferior a la media española y que, por tanto, el principal objetivo debería ser subsanar esa carencia. Estos empresarios, con la ayuda de las AAPP, deberían adoptar las medidas pertinentes para allanar la senda empresarial que permita escalar de las startups a las PYMES innovadoras, pasando por las scaleups.